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Recuerdo bien aquellos tiempos cuando el celular solo anunciaba la entrada de una llamada y uno que otro tímido SMS…. Respondías y de inmediato volvías a lo que estabas haciendo… cenando, viendo un concierto, conviviendo en una fiesta, doliendo en un funeral, en fin, volvías a lo que estabas haciendo…

Ahora una ‘checadita’ al teléfono incluye más o menos lo siguiente:

-Responder la llamada (2 minutos)
-Leer y responder e-mails (el del trabajo, el de Gmail y el de Hotmail) (5 minutos)
-Menciones en Twitter (3 minutos)
-Check in en Foursquare (3 minutos)
-Comentarios en el blog (3 minutos)
-Revisar mensajes en Factbook (2 minutos)
-Stalkear a alguien en Facebook (5 minutos)

Te perdiste 23 minutos, un capítulo completo de Don Gato, quizás el mejor, quizás el del Hábil y Conspicuo Ladrón Internacional de Joyas. Qué lamentable.

Y esto en el mejor de los caso, porque bien se te puede ocurrir también revisar como está el clima (aunque estés en la calle o junto a una ventana) o comprarte algún recuerdito en Amazon.

Por eso desde esta trinchera lanzo esta iniciativa para que todos ustedes dejen de ser unos majaderos y revisen su teléfono solo cuando están solos o cuando no pueden afectar a nadie, léase: Restaurantes (majadería total cenar y textear), caminando en la banqueta (chocas con todos), manejando (chocas y mueres y matas), en el cine (como chinga la lucecita) etcétera, etcétera, etcétera…

Y para ilustrar, esta icónica y aterradora portada:

gym

El gimnasio es una entidad curiosa; sé que había escrito al respecto pero cada vez me llaman más la atención los rituales y el comportamiento del asiduo concurrente a los ‘santuarios del cuerpo’.

Para ellos (y ellas) tengo algunas oportunas recomendaciones y áreas de oportunidad:

-Si te pones en la primera caminadora que está en la entrada, es obvio que solo quieres ver quien entra y quien sale… stalker. Además, se siente gacho el chiflón.

-Arrimártele al ser deseado pocas veces surte efecto, recuerda que estás sudado (a) y hueles re gacho.

-Créanmelo si se los digo: Saliendo del gimnasio, por más que le hayan chingado, NO ESTÁN MAS FLACOS.

-Créanmelo si se los digo: Por jalar media hora NO ESTÁN MÁS MAMADOS.

-Señoras ‘de edad’, por favor ya no se pongan esas falditas sin nada abajo… no le hagan.

-Instructores: Dejen en paz a las señoras ‘de edad’… no son ricas, ni les van a heredar su lana.

-Luego de hacer su gimnasia, no se traguen una ‘Tatiana’ de Milanesa, Pierna y Quesillo, eso retrasará que lleguen a sus objetivos.

-Sí, aunque seas de alcurnia, también te apestan las patas, por favor guarda tus tenis lo más lejos posible de mí o de otro inocente usuario.

-¡Tápate en el vestidor, por Dios!

¿Libre?

Es curioso cómo las cosas cambian en un sitio cuando uno lo abandona…

… O cómo ha cambiado uno cuando vuelve a éste.

Siempre me había quejado de la impresionante cantidad de taxis que circulan en la Ciudad de México, que empeoraban el tráfico, que eran demasiados y que –además de todo- la cuestión de la inseguridad los hacía todavía más despreciables (a mí me asaltaron gacho una vez en un vochito de madrugada)… Sin embargo una cosa era cierta y constante: Siempre había uno disponible.

No más… Los Taxis siguen abundando pero el caso se ha vuelto confuso. Abordo:

Buenas tardes… voy aquí a Mazarik y Emerson

Uuuuy no, jefe, a Polanco ahorita no voy… Lo siento

Ni hablar, según mi entendimiento los Taxis van a donde uno les diga NO uno a donde ELLOS VAN ¿estoy mal?… segundo intento:

A Polanco, por favor… Mazaryk y…

No mi joven, voy a hacer un servicio, voy para otro lado, pa’ Cuitlahuac.

Me bajo -otra vez- y en mis adentros pienso: Si vas a hacer un servicio en Cuitlahuac… ¿para qué coños te paras y me subes?

Camino. La vida del ciudadano de a pie me tiene confundido.

hoyo

-Ya me voy,  mi amooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo…